Por qué creemos en los precios honestos

Por qué creemos en los precios honestos

Vivimos rodeados de descuentos.

20 %.
30 %.
50 %.
Solo hoy.
Últimas horas.
Última oportunidad.

Y cuando todo está siempre de oferta, llega un momento en el que resulta difícil saber cuánto vale realmente algo.

Nosotros preferimos hacerlo de otra manera.

En Gredos creemos en una idea bastante sencilla:

un precio honesto no es el precio más bajo. Es un precio que podemos defender cualquier día del año.

El precio también forma parte de la confianza

Cuando alguien entra en una tienda y ve una camiseta a un precio determinado, debería poder pensar que ese es su precio.

Sin preguntarse si mañana estará un 30 % más barata.

Sin sentir que ha comprado demasiado pronto.

Sin tener que esperar a una fecha concreta del calendario para saber cuánto vale realmente.

Puede parecer una cuestión pequeña, pero para nosotros no lo es.

El precio también forma parte de la relación que una marca construye con quien confía en ella.

Y preferimos que esa relación sea sencilla.

No queremos inflar para después rebajar

Hay una forma de vender que consiste en establecer precios altos para poder aplicar después grandes descuentos.

El resultado puede parecer atractivo:

antes 40 €.
ahora 25 €.

Pero la pregunta que siempre nos hacemos es:

¿cuál de los dos precios era el real?

Nosotros preferimos evitar ese juego.

Cuando fijamos el precio de una camiseta intentamos que tenga sentido desde el principio.

Que sea razonable para quien la compra.

Y que también nos permita seguir haciendo Gredos.

Sin necesidad de inflarlo para después poder enseñar un porcentaje enorme tachado encima.

Precio honesto no significa precio barato

Esto también es importante.

Ser honestos con el precio no significa intentar vender siempre lo más barato posible.

Un producto tiene que ser sostenible para las dos partes.

Para quien compra.

Y para quien lo fabrica, lo diseña, lo prepara y lo vende.

Una marca necesita margen para seguir trabajando.

Para probar nuevos productos.

Para cometer errores y poder corregirlos.

Para producir nuevas colecciones.

Para mejorar.

Para pagar impuestos.

Para atender un problema cuando aparece.

Y, simplemente, para poder seguir existiendo mañana.

Si vendiéramos cada camiseta al precio mínimo posible quizá durante un tiempo pareceríamos más baratos.

Pero probablemente estaríamos construyendo algo que no podría durar.

Y eso tampoco nos parece honesto.

Queremos que puedas comprar cuando quieras

Hay otra consecuencia de vivir permanentemente de las promociones.

El cliente aprende a esperar.

¿Por qué comprar hoy si dentro de unas semanas puede llegar otro descuento?

Nosotros queremos justo lo contrario.

Si descubres una camiseta de Almanzor en marzo y te gusta, queremos que puedas comprarla en marzo sabiendo que estás pagando un precio razonable.

Si la descubres en noviembre, lo mismo.

No queremos que quien confió en nosotros hace un mes vea después la misma camiseta mucho más barata y piense:

“Debería haber esperado.”

Preferimos que el precio no sea una carrera contra el calendario.

¿Significa que nunca haremos una promoción?

No.

Hay muchas razones legítimas para hacer una acción puntual.

Podemos querer liquidar determinadas unidades.

Lanzar un pack.

Regalar el envío.

Celebrar algo especial.

Dar una ventaja concreta a nuestra comunidad.

O simplemente probar una acción comercial diferente.

Pero hay una diferencia importante entre hacer una promoción puntual y construir toda una estrategia alrededor del descuento permanente.

Lo primero puede tener sentido.

Lo segundo acaba cambiando la percepción del producto.

Y también la relación con quien compra.

No queremos venderte urgencia

Nos gustan las montañas.

Y quizá por eso tampoco encajamos demasiado con la idea de que todo tenga que ocurrir ahora mismo.

Compra antes de medianoche.

Últimas unidades.

Solo durante dos horas.

No queremos que compres una camiseta porque una cuenta atrás te ha puesto nervioso.

Preferimos que la compres porque te gusta.

Porque reconoces la montaña.

Porque ese diseño significa algo para ti.

O porque simplemente quieres llevarla.

La decisión debería partir de ahí.

No del miedo a perder una oferta.

Lo que ves es lo que creemos que vale

Cuando ves el precio de una camiseta de Gredos, no pretendemos que pienses que has encontrado una ganga.

Tampoco queremos convencerte de que estás comprando algo exclusivo por el simple hecho de ponerle un precio más alto.

Queremos algo bastante más sencillo:

que veas el producto, veas el precio y puedas decidir si para ti merece la pena.

Sin trucos.

Sin precios artificiales.

Sin necesidad de esperar a que aparezca un cartel rojo.

Un precio justo para los dos lados

Seguramente nunca existirá un precio que todo el mundo considere perfecto.

Para alguien siempre será demasiado.

Para otro estará bien.

Y otra persona simplemente decidirá que no necesita esa camiseta.

Eso forma parte de cualquier compra.

Nuestro trabajo no consiste en convencer a todo el mundo.

Consiste en buscar un punto que podamos defender.

Un precio que permita al cliente recibir algo que consideramos bueno por una cantidad razonable.

Y que permita a Gredos seguir diseñando, produciendo y buscando nuevas montañas que contar.

Para nosotros, eso es un precio honesto.

Preferimos confianza a descuento

Sabemos que un porcentaje enorme sobre fondo rojo llama más la atención.

Probablemente también genera más urgencia.

Quizá incluso consiga alguna venta más ese día.

Pero Gredos no queremos construirlo únicamente alrededor de días concretos.

Queremos construir una marca a la que puedas volver.

Una marca en la que, cuando veas un precio, no tengas que preguntarte cuánto costará realmente dentro de dos semanas.

Por eso preferimos otra idea.

Más sencilla.

Menos espectacular.

Pero mucho más nuestra.

Un precio que podamos defender hoy, mañana y cualquier otro día del año.

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